La Estación de Penitencia

Hace tiempo que quedó atrás la Semana Santa, una de las fiestas más señaladas en el calendario de cualquier sevillano; no obstante, tras un reencuentro con un amigo cofrade hace unas semanas (él es cirial en la Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y María Santísima de la Angustia), me planteó una serie de cuestiones que me llamaron la atención, en respuesta a varias curiosidades que le trasladé: ¿qué sucedería si el aguador, los contraguías o el capataz no hicieran bien su labor?, ¿hace más el fervoroso devoto que quiere o el fornido joven que puede?

La Estación de Penitencia
La Estación de Penitencia

De sus respuestas llegué a la conclusión de que cualquier grupo de personas que se unan para alcanzar un objetivo común (como concluir una estación de penitencia, o abordar un proyecto software) se ha de regir por una serie de pautas que, expresadas con la suficiente generalidad, pueden ser reutilizadas con independencia del tipo de grupo y de los objetivos que éste persiga.

Las respuestas de mi amigo parten de sus experiencias, todas ellas vividas de cerca, teniendo mayor o menor cabida en esta metáfora en función de las experiencias de cada uno, pero de lo que estoy seguro es que hacen resentir el trabajo de los costaleros, llegando incluso a resentir el esfuerzo humano y económico que realiza la propia Hermandad preparando con ilusión cada estación de penitencia, e incluso el propio patrimonio histórico del que estas Hermandades disponen.

  1. El aguador, en multitud de ocasiones, suele dar más líquido refrescante a los costaleros que se encuentran más en el exterior (próximos al perímetro que marcan los respiraderos), mientras que los que se encuentran en el centro de la parihuela reciben menos hidratación, resultando su trabajo más costoso que el de los otros al experimentar cierto sufrimiento ante esta deshidratación.
  2. En una salida o entrada dificultosa, si el capataz no da correctamente las órdenes o no escucha las indicaciones de los contraguías (o las escucha pero estas indicaciones son incorrectas), el paso puede fallar en sus movimientos hasta tener un accidente con el dintel o la jamba que se quiere salvar. En este caso encajarían algunas de las salidas del palio de la Hermandad de Santa Cruz, donde por no ser correctas las órdenes del capataz, en más de una ocasión se ha dañado la orfebrería del palio al rasparse contra el pórtico del templo.
  3. El capataz y los contraguías, de forma inconsciente, tienden a animar a los costaleros más pegados a ellos (es decir, los que van en el perímetro que marcan los respiraderos), cuando la realidad es que los costaleros que van en medio de la parihuela suelen soportar mucha más presión y peso en sus “morcillas” que los anteriores.
  4. Si el capataz no ha ensayado bien con sus costaleros las “levantás” podrían surgir accidentes graves como la caída de enseres o de la propia imagen (por muy atornillada que esté), como sucedió en 2004 (tal vez 2005, mi amigo no lo recordaba con nitidez), en plena calle Sierpes, cuando la Virgen de la Estrella hizo una “levantá” tan brusca que rompió uno de sus varales maestros.
  5. Si el capataz no ha ensayado bien con sus costaleros las “chicotás” podrían aparecer casos de desvanecimientos, lipotimias, bajadas de tensión y lesiones crónicas de cervicales entre los hermanos costaleros, en el mejor de los casos; en el peor, podrían producirse incluso insuficiencias cardíacas (nada habituales, pero hay algún caso).
  6. Al hacer el capataz las “igualás” de la cuadrilla, es decir, la selección de las personas en función de sus medidas para portar el paso, podría suceder que la asignación no estuviera igualada en altura en cada trabajadera. En este caso el paso estará descompasado y sus movimientos serán torpes y desgarbados.
  7. Hay capataces que realizan decenas de ensayos antes de la salida procesional, junto a sus contraguías y su cuadrilla de costaleros. Otros, en muchos casos de gran prestigio, confían tanto en su buen hacer que realizan pocos o ningún ensayo con los contraguías y la cuadrilla, y desconocen las cualidades de cada uno de ellos. Durante la estación de penitencia, estos pasos también suelen acusar de falta de garbo (especialmente acusada en pasos de palio).
  8. En una cuadrilla de costaleros hay algunos que están mejor preparados que otros (bien por cuestiones físicas o simplemente por edad), pero todos hacen la estación de penitencia íntegramente. A título anecdótico, en 1999, el misterio del Cristo de las Aguas a su paso por el Arco del Postigo del Aceite perdió a uno de sus hermanos costaleros tras sufrir éste un infarto al corazón (casualmente, era uno de los que iban en el centro de la parihuela). Tal vez físicamente no estuviera al nivel de los otros, pero indiscutiblemente su devoción y su entrega eran absolutas.

Además de estas cuestiones podrían plantearse otras muchas, todas ellas ajenas a cómo de bien o mal hagan su labor capataz, contraguías, aguador o costaleros, y relacionadas con factores externos, que también pueden resentir el trabajo de los costaleros y el esfuerzo humano y económico que realizan las Hermandades (entre ellos, las desavenencias climatológicas, los retrasos durante la Carrera Oficial impuestos por otras hermandades en procesión, etc.).

En fin, espero que saquéis partido de la metáfora y, si os he transmitido algo de sentimiento cofrade, recomiendo que vayáis a ver el próximo Martes Santo al Cristo de la Buena Muerte, considerado la obra cumbre de Juan de Mesa y perteneciente al patrimonio del Estado.

¡¡Ahí quedó!!

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